5ta formación sobre la Revolución China
A mediados de junio se realizó nuestra 5ta formación sobre la Revolución China. Esta vez, a partir de los datos económicos duros de fuentes burguesas, se estudiaron los avances e importancia de la economía china, con los cambios políticos a partir del nuevo milenio. Indudablemente para abordar un fenómeno de esta magnitud, repleto de hechos novedosos que parecen cuestionar todos los conocimientos previos, debía hacerse el recorrido anterior analizando, comprendiendo y asimilando los alcances de la Revolución de 1949 y su derrotero posterior lleno de avances, retrocesos y profundas contradicciones: el “Gran Salto Adelante”, la “Campaña de las 100 Flores” y fundamentalmente la “Revolución Cultural” y la nueva orientación impulsada por Deng Xiaoping a partir de 1978.
A diferencia del período previo, que ya analizamos, los nuevos cuadros dirigentes ya no serán viejos revolucionarios partícipes de la revolución proletaria de 1949, tal como fueron Mao Tsetung, Zhou Enlai o Deng Xiaoping. Esta nueva “generación” (la tercera, cuarta y quinta) heredaron un Estado Obrero y un Partido Comunista consolidados.
Hu Jintao asumirá la presidencia de la República Popular de China en el 2002 posterior a Jiang Zemin. Se unió al PCCh en 1964 con 22 años. Ocupó cargos tales como la gobernación de Guizho (Cantón) en 1985, y luego sería transferido en el ‘88 a la Región Autónoma de Xizang (Tíbet), siendo el primer dirigente no militar de la región. Sería el encargado de la represión del levantamiento en esa región durante 1989, levantamiento que se dio apenas tres meses antes del de la Plaza Tiananmen. Estará acompañado de Wen Jiabao como su primer ministro.
La aparente mayor estabilidad de China no estaba exenta de fricciones. La camarilla burocrática no es un todo homogéneo, sino que presenta una sistemática lucha fraccional, algunas veces abierta, otras veces más solapadamente. Estas luchas, fenómeno repetido en el Estado Obrero, han sido un blanco fácil de confusiones en el oportunismo centrista, creyendo ver en una de ellas un factor progresivo frente al otro.
En el caso chino, cuestionando las reformas de Deng Xiaping, se han colocado consciente o inconscientemente bajo la fracción burocrática maoísta (la llamada “banda de los 4”), tomando sus críticas superficiales y reivindicando aspectos tremendamente reaccionarios como la socialización de la pobreza, las colectivizaciones o industrializaciones forzadas. Los revolucionarios no perdemos de vista las luchas fraccionales, pero justamente para hacer lo contrario de lo que hace e hizo históricamente el centrismo: para advertir y alertar a las masas sobre la terrible política que significa enfrentar un sector burocrático con las herramientas de otro sector burocrático. Las fracciones burocráticas, ausente el partido revolucionario encarnación del marx-leninismo trotskista, solo puede batallar por imprimirle sus propios ritmos y rasgos a la orientación contrarrevolucionaria del Gobierno. Así lo ha demostrado la historia de la Revolución Rusa, de la Revolución China y de las desorientaciones del revisionismo en el trotskismo.
La política de Hu Jintao se centró principalmente en enfrentar las desigualdades -principalmente campesinas- que la época de “reforma y apertura” estaban generando en la población. Esto chocaría con la llamada “Camarilla de Shanghái” liderada por el ex-presidente Jiang Zemin.
Otra política central del gobierno chino por esta época fue la creación de la SASAC (Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales). Siguiendo con la política de generar competitividad desde las empresas estatales, esta Comisión tenía por objetivo actuar como accionista mayoritario de 200 grupos empresariales y alrededor de 200 mil empresas que controlaba el Estado. Esta política también se ejecutó a nivel regional, es decir, cada provincia y municipio tendría su SASAC. El Gobierno buscó diferenciar claramente la administración central (en manos del Estado Obrero) de la gestión empresarial de cada empresa (exigiendo objetivos, rentabilidad, competitividad y eficiencia). Así se centró la atención solo en las empresas estratégicas, que seguirían controladas centralmente, buscando maximizar sus rendimientos. Para 2018 los activos estatales se habían cuadruplicado y su contribución al PBI duplicado respecto a una década atrás, y el número de grupos de empresas estatales se había reducido a menos de 100 que integraban 23.000 empresas.
China se “abre al mundo”
Con la incorporación de China a la OMC en 2001 luego de casi 15 años de negociaciones, la burguesía imperialista esperaba poder ir comprando y privatizando de a poco todo el país, algo que no ocurrió. Contrariamente, China logró imponerse como centro de producción y no meramente de ensamblaje, adquiriendo y asimilando la más alta tecnología, una política denominada de “Innovación Nacional”. Sin embargo, la crisis internacional del 2008 planteó a China los límites de la apertura al mercado mundial: la menor demanda internacional redujo las exportaciones en un 40%. La nueva orientación tendería a fortalecer el mercado interno en detrimento del crecimiento económico como meta única y fundamental.
Otra forma de intentar protegerse ante las inevitables fluctuaciones de la economía mundial fue la creación del BRICS en 2010. China se convertirá con ésta y otras instituciones y alianzas estratégicas, en el principal socio comercial de prácticamente la totalidad de países del planeta.
Habiendo cumplido dos mandatos como su antecesor, y con una campaña del imperialismo denunciando el enriquecimiento del Primer Ministro y su familia, en 2012 deja sus cargos en favor de Xi Jinping.
Comienza la era de Xi Jinping
La historia de Xi comienza con su padre Xi Zhongxun, uno de los primeros miembros del Partido Comunista Chino, parte de los “8 viejos” junto a Deng Xiaoping. Purgado e incorporado varias veces, fue el primero en proponer la política de Zonas Económicas Especiales, y en negociar la primera inversión extranjera luego de la revolución.
Como su antecesor, Xi Jinping tuvo que demostrar su competencia en distintos gobiernos provinciales como en Fujián y Zhejiang, donde se ganó una buena fama de mano dura contra la corrupción. Posteriormente Jefe del Partido en Shanghái y luego vicepresidente hasta convertirse en Secretario General del PCCh en 2012 y Presidente de la Comisión Militar. Ya para el 2013 se convierte en Presidente de la República Popular de China.
A diferencia de las expectativas generadas en el imperialismo, orientó su gestión al aumento del rol estatal y a profundizar el desarrollo de tecnología de punta. Los Comités del Partido serán actores fundamentales en las grandes empresas, no solo las estatales. En 2015 desarrollará la política de “Made in China 2025”, cuyo objetivo es el desarrollo tecnológico para competir en el mercado internacional.
¿Cómo cambió la economía china desde 1979?
Sintéticamente, desde la era de las reformas hasta el 2011, China creció a una tasa anual del 10%, y entre 2012 y el 2018 creció anualmente un 7%. Actualmente, la economía de China es ⅔ de la estadounidense, cuando en 1979 era sólo del 7%.
Los gobiernos locales compitieron a través de las Zonas Económicas Especiales para atraer inversiones, garantizando las condiciones necesarias en infraestructura y logística. Los bajos costos y estas gigantescas posibilidades de producción ejercieron un poder de atracción fenomenal para que las industrias estadounidenses y de otros países se trasladaron a China directa o indirectamente (con empresas subcontratadas). Tal es así, que entre 1997 y hasta el 2017, China representó el 40% del crecimiento mundial en manufacturas, inversión en capital fijo, producción de electricidad, total de energía consumida, y emisiones de gases invernaderos. Hoy, China produce el 30% de las mercancías a nivel mundial, cuando en la década del ‘70 sólo representaba un 1%. Hoy, el 40% de las exportaciones de China son realizadas por firmas extranjeras.
Pese al enorme crecimiento de las fuerzas productivas en China, sigue siendo un país atrasado en muchos aspectos, por ejemplo el 40% de su población todavía, sigue viviendo en zonas rurales.
Cada año desde la década del 2000 al 2010, China tuvo que garantizar la creación de 20 millones de puestos de trabajo y 8 millones de viviendas para cubrir las necesidades de la población. La urbanización en China sigue siendo parcial, si bien su población urbana aumentó de 172 millones a 832 millones. El Hukow, pasaporte interno, divide a la población entre una de primera y otra de “segunda” (migrantes) que evitó los asentamientos no planificados alrededor de las grandes ciudades, al negarles derechos sociales, de salud, educación, entre otros. Esta división interna engendró una gran cantidad de luchas obreras.
No puede negarse la importancia de tener presente estos números y de estas magníficas transformaciones para mejor comprender a la China de hoy. No obstante, cometeríamos un grosero error metodológico al pretender extraer conclusiones que las estadísticas no tienen forma de revelar: los números nada dicen del tipo de Estado, del período de transición, del tipo de Gobierno o de la dirección del Estado. A no pocos se le antoja tomar simples sumas aritméticas o proporciones dominantes para alcanzar caracterizaciones políticas, reduciendo la tarea de los revolucionarios al formalismo matemático, echando por la borda el materialismo dialéctico.
Las tareas de los revolucionarios
La Revolución China, al igual que la Revolución Rusa, le pertenecen al proletariado mundial, puesto que las heroicas luchas de las masas de estos países han logrado expropiar y someter a la burguesía y tomar el control de la gran propiedad privada capitalista. Sin embargo, ese tumor que es la burocracia se ha apropiado de la revolución al no llevarla a cada rincón del planeta. Anteponiendo su propia conservación y sus propios intereses a los de la revolución mundial, obstruyeron, desviaron, traicionaron la lucha emancipatoria de la humanidad por acabar con toda forma de opresión. Estrecharon la mano del imperialismo putrefacto, descompuesto, ofreciendo la coexistencia pacífica y así estirar esa larga y trágica agonía que se expresa con mayor barbarie para la humanidad. Ese rol gigantescamente contrarrevolucionario solo puede barrerse mediante la revolución política en la propia China, construyendo la sección nacional de la IV Internacional.
La tarea de derrotar al imperialismo obliga a los revolucionarios del mundo entero a luchar por la revolución proletaria, la expropiación de la burguesía de cada uno de nuestros países, erigiendo la dictadura del proletariado, para poder comenzar a vislumbrar la construcción del comunismo. Cada nueva revolución inspirará a las masas de todo el planeta a seguir hasta el final, y no quedarse a medio camino contra los opresores. A diferencia de los falsos trotskistas, que niegan la dimensión de este proceso revolucionario que cambió la historia de la humanidad, desde el POR defendemos incondicionalmente las conquistas de la Gran Revolución China y a su proletariado frente al imperialismo en decadencia, pese a las contradicciones internas de este complejo proceso.
(Nota de MASAS n°505)
