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Los dueños del país saludan la política de Milei aunque no están convencidos que sea él quien mejor la garantice en el futuro cercano

No nos vamos a referir a las mentiras y tonterías del discurso presidencial, muy difundidas. Las grandes corporaciones defienden el “orden económico” de Milei pero debaten si él puede garantizar su continuidad. Fue uno de los temas en debate en el 23° edición del Council of the Americas donde el poder económico debate una vez por año. Es un terreno donde el establishment interpela abiertamente al gobierno y redoblan su presión. Muestran que ellos son los que mandan.

Los representantes institucionales del gran capital estuvieron presentes: todo el Grupo de los Seis que reúne a la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Sociedad Rural Argentina y ADEBA, que representa a los bancos privados de capital nacional. Industria, comercio, construcción, mercado de capitales, campo y bancos.

Los empresarios más poderosos del petróleo, gas, minería y energía fueron protagonistas de este encuentro, ellos son los que más ganan.

Dejan claro que su política es saquear los recursos del país y que no ofrecerán ninguna política que frene la destrucción masiva de fuerzas productivas: crecimiento de la desocupación y precarización laboral; bajos salarios y jubilaciones, cierre de decenas de miles de empresas, baja utilización de la capacidad industrial instalada, venta de maquinarias como chatarra, importación de máquinas usadas e innumerables bienes que se producían en el país. Todo en nombre del equilibrio fiscal, la desregulación, la apertura y una baja de los índices inflacionarios.

Rechazan cualquier política proteccionista, de industrializar el país, de poner límites a la voracidad del capital financiero, de defensa de la soberanía nacional. Contribuyen a desmantelar todos los controles, regulaciones sobre qué se importa, exporta o comercia en el país. Apoyan la liberación de precios y tarifas de los monopolios de servicios.

Esta es su base programática. Y debaten quién puede asegurar mantener esta línea y marcarle la cancha a cualquier opositor al gobierno. Es en ese marco que les preocupa la recesión de la que no se sale, la caída del consumo y el creciente malestar popular, que puede dar lugar a un cambio de rumbo. Weiss lo expresó así: “la gente vota con el bolsillo”.

Además, les preocupa la caída de la recaudación, el deterioro del resultado fiscal cada vez más negativo, el crecimiento del endeudamiento. El Gobierno no puede tomar nueva deuda en los mercados internacionales, lo que muestra un riesgo de no poder cumplir con los próximos vencimientos y las tasas de interés siguen muy elevadas.

Todos ellos saben que la cotización del dólar es arbitrariamente baja pretendiendo contener la inflación. Que la obra pública está congelada. 

Saben perfectamente que el superávit de las cuentas que se muestra es ficticio, porque no toma en cuenta los intereses que generan cada mes los bonos emitidos, tampoco los pagos que se postergan, ni el desvío de fondos que recaudan y que no se aplican a los destinos previstos. Les preocupa que los ingresos aumentan por debajo de la inflación dibujada. El FMI calculó que hasta abril la recaudación había caído 7% real interanual. La recaudación de IVA explica buena parte del deterioro.

Es inocultable que la mora de la deuda bancaria pasó del 1,5% en octubre de 2024, al 7,6%. Entre las familias trepó del 2,5% al 12,8% y entre las empresas, del 0,7% al 3,5%. En préstamos personales la irregularidad llegó al 15,9% y en tarjetas al 13,1%. El problema es más grave fuera de los bancos: la mora llega al 30,1%. 21 millones de personas tienen deudas y 6 millones registraban atrasos. Gran parte de esa deuda impagable se tomó para comer o resolver problemas urgentes y muestra la fuerte caída del poder adquisitivo de millones de familias.

El “modelo” del Gobierno se sostiene con el ingreso de dólares, pero la cosecha ya pasó y apura las privatizaciones. El impulso del precio del petróleo que llegó hasta 115 dólares por barril y que multiplicó el ingreso de divisas, cayó a alrededor de 90 dólares. Gran parte de los dólares que pudo comprar ya se fugaron: 16.900 millones en los primeros 6 meses.

Las corporaciones empresarias y el Gobierno tienen ilusiones de que continúe el respaldo de EEUU para salvarlos, pero sus propios números son cada vez más negativos: es récord su deuda que pasó los 40 billones de dólares, el pago de intereses que genera y su déficit de presupuesto de 1,9 billones de dólares para 2026 equivalente al 5,8% del PBI (promedio de 3,8% durante los últimos cincuenta años). 

De parte de estas grandes corporaciones no aparece ninguna propuesta para resolver los principales problemas de la población, que están fuera de su agenda. Todos ellos son parte del problema, fueron incapaces de industrializar el país y sacarlo de su atraso, de romper las barreras que bloquean el desarrollo de las fuerzas productivas, de crear puestos de trabajo genuino. Por el contrario su permanencia en el poder agrava todos los problemas y nos empuja a la barbarie.

(Editorial de Masas n°508)