3 de Setiembre de 1938: Fundación de la IV Internacional
Hitler proclamó que tomaría el poder por medios legales. Sostenido por amplias capas de la población, el nacionalsocialismo vio acrecentada sin cesar su representación parlamentaria, excepción hecha de las elecciones del 6 de noviembre de 1932, y concluyó constituyendo el Tercer Reich. El 22 de enero de 1933 es designado canciller.
El 30 del mismo mes prestan su juramento Hitler y su gobierno de coalición y de unión nacional.
Stalinistas y socialdemócratas no se atrevieron ni pudieron seguir la táctica del frente único, sistemáticamente preconizada por Trotsky, contra el avance del fascismo. La victoria de Hitler, el abandono sin lucha del campo de batalla por la Internacional Comunista, importaron el desplazamiento de esta última hacia el campo de la burguesía.
Es partiendo de esta realidad que la Oposición de Izquierda cambia de rumbo y proclama la necesidad de poner en pie una nueva Internacional revolucionaria, la Cuarta.
El 12 de rnarzo de 1933, Trotsky afirma que el Partido Comunista alemán ha muerto como organización revolucionaria y llama a la Oposición a iniciar la construcción de un nuevo partido alemán; el 15 de julio insta a la Oposición de Izquierda a abandonar los intentos de reformar la Internacional Comunista y a luchar por la creación de una nueva Internacional y partidos revolucionarios en todo el mundo. Trotsky esperaba que la conferencia internacional de la Oposición que tuvo lugar en 1936 proclamase la Cuarta Internacional, idea que no prosperó y salió a la luz pública el llamado “Movimiento por la Cuarta Internacional”. Se tuvo que librar una recia lucha contra quienes se oponían a la estructuración de la nueva organización aduciendo objeciones del más diverso tipo. Trotsky estaba seguro que a la amenaza de la guerra mundial había que responder mostrando a las masas su propia dirección revolucionaria.
Empujado de un lugar a otro en el “planeta sin visado” y huyendo de la sañuda persecución stalinista, Trotsky arribó al puerto petrolero de Tampico (México) el 9 de enero de 1937. Desde tierra americana seguirá inspirando y vigilando los trabajos encaminados a poner en pie una de sus mayores Obras: la Cuarta Internacional como heredera del leninismo y como dirección revolucionaria en esta época de la revolución socialista mundial.
Veintiún delegados de once países se reunieron clandestinamente en Périgny, una aldea cercana de París, el 3 de septiembre de 1938 (buscando evitar la persecución de la GPU, sin embargo, en representación de la sección rusa, estaba Etiene que resultó ser agente de la GPU incrustado en la cúspide dirigente N.R.).
La conferencia decidió por una mayoría de 19 contra 3, proclamar la Cuarta Internacional y se aprobó el Programa de Transición redactado por Trotsky.
El Programa de Transición marca un hito remarcable en la continuación de la política leninista, a través de él se proyecta la esencia misma de la Tercera Internacional, al mismo tiempo, realiza un balance crítico de la experiencia revolucionaria mundial y en esta medida incorpora sus enseñanzas al arsenal del proletariado. Tiene que considerarse sobre todo como método -aquí radica su gran trascendencia- y no simplemente como un cúmulo de consignas.
Según el programa de la Cuarta, las masas, partiendo de sus necesidades actuales, de sus limitaciones y prejuicios, pueden encaminarse hacia la conquista del poder, a través de la lucha por la materialización de sus necesidades, siempre que las consignas de movilización sean proyectadas en la perspectiva de la materialización de la estrategia del proletariado.
La experiencia de las masas confirma la validez del programa de transición., constituye el punto culminante en el empeño de que las ideas fundamentales del marxismo se conviertan en norma para la acción. Su concepción fundamental -unidad de reforma y revolución, de lucha por las tareas del momento y, al mismo tiempo, por el poder- constituye una trascendental y definitiva adquisición del movimiento obrero. Se potencia la lucha cotidiana de las masas no sólo como proyección hacia el poder -el impulso ciego e instintivo puede trocarse en consciente, en político- sino como escuela donde maduran las masas y también el partido revolucionario.
(Extractos de “Historia de las Cuatro Internacionales”, G. Lora, ediciones Masas, 1989)
