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Es necesario rechazar la demagogia del Gobierno sobre Malvinas

Es un Gobierno antinacional y eso no se cambia por decreto o por un discurso

El Gobierno anunció por cadena oficial el 3 de septiembre “decisiones que hemos tomado respecto al ejercicio de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas. Producto de meses de trabajo conjunto entre distintas áreas del Estado nacional”.

No es cierto que sea producto de “meses de trabajo”, porque desarrolló una política explícitamente contraria a la reivindicación de Malvinas, mostrándose contrariado por la reivindicación que instaló la Selección Argentina. Elproyecto Sea Lion, operado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, a los que hace referencia explícita no es una novedad de estas últimas semanas. Cuando se reunieron Milei y Netanyahu no hubo ningún cuestionamiento sobre las inversiones de Navitas (empresa israelí) por 2.000 millones de dólares, no fue impugnado por el Gobierno argentino, lo que facilitó la recolección de fondos para la operación, con bajo riesgo.

El 18 de marzo el CEO de Navitas dirigiéndose a los inversores: “se emitió un seguro contra riesgos políticos… el proceso avanzó sin ninguna interferencia del gobierno argentino y con pleno respaldo del gobierno de Malvinas y del Reino Unido, las declaraciones recientes del presidente Milei indican que apoya el derecho a la autodeterminación de los habitantes de las Malvinas y no considera este asunto como una cuestión política que requiera intervención”. El embajador israelí saliente, Eyal Sela, fue condecorado días antes del anuncio y no fue informado de este “cambio” de política, lo que también refleja impericia o el apuro de las medidas anunciadas (o ambas).

Son públicamente conocidas y recordadas la reivindicación de Margaret Thatcher por Milei, con una fotografía en su despacho, su desprecio por la reivindicación de la soberanía de las Islas; su reconocimiento a la decisión de los kelpers de considerarse británicos, posición histórica del gobierno inglés; su decisión de desarmar a la fuerza aérea; su decisión de dar la espalda en la ONU a la enorme mayoría de países que históricamente han respaldado el reclamo argentino; entre otros muchos aspectos, mostrando una coherencia antinacional sin matices…  Hasta este discurso. 

¿Por qué este cambio de política? ¿Es realmente un cambio? ¿Por qué ahora?

Milei reconoce expresamente que “Recientemente el presidente Trump declaró que los EEUU están revaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua. Los EEUU evalúan ese cambio de posición…”. Es este hecho el que determina la oportunidad del anuncio. Trump y EEUU presionan al gobierno del Reino Unido para que incremente el presupuesto militar destinado a la OTAN; cuestiona que no hayan acompañado su ataque a Irán, que no le hayan facilitado la Isla Diego García en el Océano Índico para sus operaciones contra Irán, mostrando abiertamente su disgusto. Pero el Reino Unido es un socio, un aliado estratégico, en todos los terrenos, probablemente más que ningún otro país en el mundo. Trump puede ser imprevisible, pero en un marco de aislamiento, difícilmente avance en una ruptura tan importante como es la cuestión de Malvinas, que ni siquiera figuró entre los temas que trataron en su última reunión. 

Milei monta sobre este supuesto cambio de posición el “fin prioritario de construir una base naval integrada en Tierra del Fuego e incrementar nuestras capacidades en telecomunicaciones”. Rápidamente hizo colocar carteles en el lugar donde se emplazaría. Esta Base naval es de interés especialmente para el Comando Sur de EEUU, para sus propias operaciones y para impedir que China pueda poner un pie en ese lugar. Un Gobierno que ha paralizado la obra pública en todo el país produciendo un daño extraordinario a su infraestructura descubre que la prioridad es construir una base naval. El puerto de Ushuaia fue intervenido por la Nación quitándolo a la Provincia de Tierra del Fuego y permitió recientemente que anclara un buque inglés, (como denunciamos en nuestra prensa anterior).

Aprovecha para volver a introducir el objetivo de crear “el Consejo de Seguridad Nacional, que definirá una política de seguridad nacional … le pediremos al Congreso que le otorgue al Consejo, las facultades necesarias para que el Estado pueda responder con herramientas económicas y diplomáticas frente a actores estatales, o no estatales que amenacen nuestra seguridad nacional”. Para este gobierno de dictadura civil la seguridad es amenazada por los manifestantes que reclaman por sus derechos, por quienes critican sus políticas, por los periodistas, por los fotógrafos… Es un peligro dar algún poder represivo adicional a este Gobierno que ha definido más de una vez quiénes somos sus enemigos.

Otro aspecto que influye sobre “este cambio” es la gran repercusión que tuvo en la mayoría de la población la reivindicación de Malvinas, vinculándola con toda la política proimperialista del Gobierno y que tuvo influencia en las movilizaciones contra la Ley de extranjerización de tierras y en el voto de rechazo a su Ley en el Congreso. El Gobierno sabe que crece la bronca en la población por los despidos, por la precarización del trabajo, por la creciente desocupación, la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, por el endeudamiento costoso de las familias; y que se expresa en las encuestas que lo muestran en caída permanente. El Gobierno sabe que buena parte del “círculo rojo” del poder ya busca reemplazo ante su agotamiento. Este “cambio” parece diseñado para recuperar la iniciativa política, para arrastrar a sectores de la oposición a este terreno y que por unas semanas no se hable del desastre de la economía, pretende ser reelegido el año próximo.

La última dictadura militar también estaba acorralada por su fracaso económico, por la creciente resistencia popular, por las consecuencias de su política terrorista y decidió embarcarse en la ocupación de Malvinas para tratar de prestigiarse y mantenerse en el poder. Galtieri también creyó contar con el visto bueno de EEUU para su operación en gratitud por los servicios represivos prestados en Bolivia y en Centroamérica, donde se identificaba claramente a los torturadores argentinos por su forma de hablar. A la hora de la verdad, en 1982, EEUU dio todo su apoyo a Inglaterra para derrotar a la Argentina en la Guerra.

No descartamos que un Milei acorralado, desaparecido durante semanas de la actividad pública, mostrándose desorbitado y fuera de la realidad en sus últimas intervenciones públicas, pueda recurrir a esta maniobra para recuperar algún apoyo. Pero el costo de la maniobra puede ser muy grande y seguramente no fue calculado, como tantas de sus improvisaciones.

Son varias las empresas internacionales que operan en Malvinas y en territorio continental, algunas beneficiadas recientemente con el Rigi, que están en infracción, no con este “viraje” de Milei sino con las leyes argentinas, sin que hasta ahora el Gobierno o la Justicia hubieran actuado. Pone al desnudo también los lazos de poderosas corporaciones internacionales y ¡nacionales! con los paraísos fiscales del Reino Unido. Además de la israelí Navitas y la inglesa Rockhopper hay 180 compañías que tendrán que afrontar el “riesgo Malvinas”. Las principales proveedoras de servicios petroleros SLB (ex Schlumberger), Baker Hughes y Halliburton, que operan en Vaca Muerta, ya dijeron que no participarán de operación alguna en Malvinas. Las acciones de Navitas Petroleum cayeron en la Bolsa ante la noticia de declarar ilegal la explotación. 

El decreto 868/2026 endureció sanciones contra los que participen en actividades hidrocarburíferas que Argentina considera ilegales en la plataforma continental: “si participás de Sea Lion, no podés operar en Vaca Muerta”. El riesgo financiero se extiende a todos los que participan del negocio. Los bancos que financian el proyecto deben evaluar qué sucede si el conflicto diplomático escala, si aparecen nuevas sanciones o si el proyecto pierde acceso a los mercados, encareciendo el costo de financiamiento. Pero Sea Lion ya consiguió financiación y avanzó hasta una etapa en que abandonar el proyecto sería muy costoso. Rockhopper acaba de lanzar una nueva ampliación de capital mientras continúa financiando su participación. Eso significa que los inversores están apostando a que Londres mantendrá el control de las Islas, que Argentina no podrá detener la producción, que los bancos continuarán financiando y la disputa no escalará. Es posible que la producción no se detenga, pero Malvinas puede transformarse en una jurisdicción de alto riesgo para el capital.

El Milei “soberanista” viajó el día anterior a Chile a un foro de la derecha donde reivindicó abiertamente la dictadura de Pinochet que colaboró con los ingleses en la Guerra de Malvinas. Milei no cuestionó el acuerdo para la apertura de una nueva ruta marítima comercial desde la Región de Magallanes que facilitará la explotación petrolera en las Islas Malvinas. A pesar del acuerdo bilateral firmado en Santiago para frenar la logística no autorizada en la zona, la Corporación de Desarrollo de las Islas Malvinas (FIDC) y la naviera chilena Easter Island formalizaron un contrato estratégico que colisiona de forma directa con los reclamos de soberanía argentinos. Milei en su decreto tampoco hizo mención al principal negocio de las Islas que son los permisos de pesca con los que depredan nuestro mar (270.000 toneladas de captura en el último año).

Mariana Plaza es la probritánica embajadora argentina en Londres cuyo dogma es “no hablemos de soberanía, pero fomentemos negocios con el Reino Unido, incluyendo inversiones y explotación de recursos en Malvinas. Un mejor vínculo económico y comercial va a pavimentar el diálogo con los británicos”. Y eso era palabra santa. En el Palacio San Martín, sede de la Cancillería, otra funcionaria probritánica, la titular de la Secretaría Malvinas, Paola Di Chiaro, coordina con el Foreign Office el programa Future Leaders, seminario que culmina en la propia residencia del embajador del Reino Unido. (Raúl Kollmann) ¿Cambiará la orientación? ¿Cambiarán las funcionarias?     

La soberanía nacional es ultrajada todos los días en todos los terrenos, aplicando el programa del FMI, con varios ministros del JPMorgan en el Gobierno, con la Justicia colonizada, pagando una deuda fraudulenta, facilitando el saqueo del país por medio del Rigi, privatizando las empresas del Estado, entregando las tierras. Malvinas es parte del sometimiento colonial del país. La defensa de la soberanía nacional se resolverá en todos los terrenos, expulsando al imperialismo, de Argentina y de todo Latinoamérica. Tarea que sólo puede encabezar la clase obrera acaudillando a todos los oprimidos. La burguesía no puede ni quiere terminar con la opresión insoportable del imperialismo.

(Editorial de MASAS n°509)