La paradoja del secularismo en las falsas democracias occidentales
Parafraseando a Karl Marx, la religión posee un carácter funcional en el capitalismo e influye negativamente tanto en lo social como en la política porque funciona como anestesia social, que adormece la conciencia de los oprimidos, pero -mucho más grave- se utiliza para afirmar las acciones despóticas de los gobernantes.
Existe una contradicción flagrante entre el discurso de las supuestas democracias liberales de occidente, que condena los regímenes religiosos “autocráticos”, particularmente dirigido hacia la República Islámica de Irán, y la creciente influencia de organizaciones religiosas en las decisiones gubernamentales de Estados Unidos, Israel y Argentina.
Los movimientos evangélicos que apoyan a Trump y Milei promueven teologías complementaristas1, que relegan a las mujeres a roles domésticos y de sumisión, el judaísmo ortodoxo que sostiene a Netanyahu excluye a las mujeres de posiciones y autoridad rabínicas.
En la Iglesia Católica se mantiene la prohibición absoluta del sacerdocio femenino. La influencia de estas instituciones en la política pública se traduce en restricciones concretas a los derechos de las mujeres: oposición al aborto, a la anticoncepción, a la educación sexual integral, a la igualdad salarial y a la participación política plena.
Otro aspecto contradictorio en la Iglesia Católica: los cardenales son designados por el Papa, o sea a dedo, jamás se someten a la decisión popular como sucede en Irán.
El discurso sobre secularismo y teocracia opera selectivamente según los intereses geopolíticos de las potencias occidentales. Existe una asimetría evidente en la condena internacional: mientras Irán es constantemente señalado como un “régimen teocrático” que viola la separación entre religión y Estado, las crecientes influencias del cristianismo evangélico en la política estadounidense, del judaísmo ortodoxo en Israel, o del catolicismo y evangelismo en Argentina reciben escaso escrutinio crítico en los medios hegemónicos.
La crítica al régimen de los ayatolás pierde toda credibilidad moral cuando proviene de líderes que encubren sus decisiones políticas y militares con mandatos religiosos.
Aunque el Estado se declare laico, sigue operando bajo una lógica de dominación de clase, no basta con denunciar la legislación inspirada en la Biblia, el problema es el carácter de clase de la legislación misma y el carácter fallido de la democracia burguesa.
Debe distinguirse entre el fundamentalismo de una potencia opresora y las formas religiosas que adoptan los pueblos oprimidos como canal de resistencia cultural contra el colonialismo.
1 El complementarismo es una postura teológica cristiana que sostiene que hombres y mujeres fueron creados por Dios con igual dignidad, valor y posición ante Él, pero con roles, funciones y propósitos distintos y complementarios, tanto en el matrimonio como en la iglesia.
