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Es necesaria una respuesta obrera a la crisis que se vive, basada en su programa, en su organización y en los métodos de acción directa de masas

Estamos ante un agotamiento político del Gobierno. Sólo cuenta con la simpatía del sector más reaccionario, más conservador de la sociedad. Quienes habían depositado alguna ilusión de que sería diferente, que podría combatir a la “casta” y su corrupción, que terminaría con la inflación y ordenaría la economía y que no pertenecía a la politiquería podrida, se encontraron con lo peor. Las continuas denuncias de corrupción y sus disputas internas por los negocios aumentan el hartazgo de la mayoría con este régimen de dictadura civil. 

La catástrofe social se profundiza cada día, no hay ninguna posibilidad de mejora de las condiciones de vida y de trabajo, crecen las penurias y sufrimientos de las masas. Los despidos, suspensiones, cierres de empresas, la precarización laboral, pérdida de derechos, se combinan con el saqueo y destrucción de la economía, con la liberación de las importaciones, con el mayor parasitismo financiero, endeudamiento y fuga de divisas.

El sometimiento al capital financiero es total. El FMI impone su programa, las leyes que debe aprobar el Congreso, el JP Morgan controla ministerios clave del Gobierno y el Banco Central. EEUU intervino abiertamente en las elecciones del año pasado para asegurar el triunfo de Milei y ya interviene para tratar de asegurarse las elecciones del próximo año con Milei u otro que les garantice la misma política. El país pierde prácticamente todos sus rasgos de soberanía para convertirse en una colonia servil, utilizada para cualquier maniobra del amo imperial, utilizada para chocar con los países vecinos, aislándose del mundo, jurando fidelidad a Trump y Netanyahu, los enemigos de todos los pueblos oprimidos.

La burguesía que décadas atrás defendía su mercado, que exhibía los avances científicos y tecnológicos, la importancia de la educación y la universidad pública, la salud pública, el sistema previsional y el desarrollo de las artes, y parecía que defendía su soberanía frente a la prepotencia imperialista hoy permite pasivamente el desmantelamiento y destrucción del país.

Bajo la dictadura genocida o bajo las formas de democracia burguesa, el gran capital se concentró y centralizó en muy pocas manos. El Gobierno de Milei no es un accidente, es la expresión de ese proceso, de esa decadencia. La Justicia y los medios de comunicación ya estaban colonizados desde antes y el Congreso no es más que una cueva de miserables que encubre los ataques contra la nación y los trabajadores. La burguesía no tiene nada que ofrecer. En sus manos solo podemos esperar un mayor proceso de disgregación y desintegración como nación. Debe ser expulsada del poder.

El capital financiero pudo avanzar hasta donde avanzó por el papel de las direcciones políticas y sindicales cómplices y cobardes. Es lo que explica la destrucción masiva de fuerzas productivas de los últimos años, un capital en fábricas y máquinas abandonado o utilizado muy parcialmente, millones de trabajadores fuera de la producción, una clase obrera altamente adiestrada cuyos conocimientos no tienen cómo aplicarse y valorizarse, desarrollos técnico-científicos producto de mucho esfuerzo invertido que son abandonados o entregados. Los sectores más rentables son tomados por los monopolios multinacionales, quedándose con sectores vitales que estaban en manos del Estado, levantados con inversión estatal.

La oposición burguesa no tiene respuestas pese al avance y destrucción de sectores de su clase. Apenas si pueden lamentar el desguace de la economía y cómo desaparecen miles de empresas. Pueden hacer buenos diagnósticos del desastre, pero son impotentes para presentar alguna alternativa seria. De ellos no se puede esperar nada.

El peronismo no se atreve a enfrentar al gran capital y su Gobierno, y algunas de sus figuras como Aníbal Fernández cuando le preguntan “qué medidas de la gestión de Javier Milei dejaría vigentes en el hipotético caso de ser presidente”: “Todo. No toco nada. Y empiezo a mirar pedacito por pedacito. Porque el esfuerzo que le hicieron hacer al pueblo argentino no se puede dilapidar ni dejar de costado”.

El peronismo no ha podido reaccionar frente a la detención y proscripción de su dirigente más importante. Las importantes movilizaciones de respaldo a la ex Presidenta son generalmente autoconvocadas por la militancia. El movimiento nacionalista burgués más importante de la historia luce de rodillas frente al avance más terrible contra la Nación.

Las direcciones sindicales están paralizadas frente a la ausencia de oposición burguesa. Su política conciliadora es un fracaso total para los trabajadores.

Siguen sometidas a las políticas de la burguesía, a los grandes empresarios, despegándose completamente del interés de los trabajadores que debieran representar. Como dijimos, estamos frente al ataque más contundente a las condiciones laborales, a la mayor precarización laboral y retroceso del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, que sólo se pueden enfrentar de conjunto, organizando la lucha como un solo puño, organizándolas desde las bases, sumando a los trabajadores informales, a los que no están sindicalizados, a los jubilados. Está comprobado que no falta voluntad de lucha. Cada vez que hay una convocatoria seria las bases responden. No quieren más circo.

Están ausentes las referencias nacionales de lucha y combate consecuente y unitario. A excepción de algunos sectores que se mantienen en lucha, organizados, defendiendo sus derechos. Las direcciones sindicales que no están a la altura de la respuesta que tenemos que dar deben ser reemplazadas por otras direcciones independientes de los empresarios, de los partidos patronales y del Gobierno, que respondan a los intereses de su clase. Los sindicatos deben expresar exclusivamente el interés de los trabajadores, inmediatos e históricos.

La respuesta necesaria es hoy, derrotar la dictadura civil de Milei es hoy. Debemos detener el curso destructivo de este régimen. Estamos viviendo una catástrofe social insoportable.

Quienes no se ubican en un terreno de resistencia activa para tirar abajo la política del FMI y las grandes corporaciones hoy, no tienen futuro, no tienen nada que ofrecer. Empezar a salir de esta situación es urgente. Rechazamos la idea de que la salida sea reordenar el peronismo y seleccionar las candidaturas para el año que viene para poder ganarle las elecciones a Milei, o empezar a formar un gran frente antiMilei, o en formar comités de apoyo electoral para un candidato, es fundamental combatir cualquier ilusión electoral, cualquier ilusión en el Congreso, estas ilusiones contribuyen al desarme político de los trabajadores, aunque se pretenda hablar en su nombre.

El electoralismo es expresión de la impotencia, incapacidad, para expresar la independencia política de la clase obrera y debe ser combatido como la peste.

El mandato de la movilización de Ni Una Menos, de las movilizaciones en defensa de la Universidad; de la lucha de los jubilados, de la lucha de los trabajadores de FATE y tantas fábricas contra el cierre, del Garrahan y el sector de salud, de los discapacitados, de los docentes en varias provincias, de los científicos, de los obreros de Tierra del Fuego, es unificar las luchas, exigir la huelga general para tirar abajo la dictadura de Milei.

La clase obrera debe formular su propio programa que vincule fuertemente su lucha inmediata por salarios y jubilación, contra toda forma de precarización, contra el cierre de las empresas, por la reapertura de las que cerraron, por el proteccionismo de nuestra industria, por la anulación de la Reforma Laboral, por los presupuestos para salud y educación, para ciencia y tecnología, para obra pública, con lucha por conquistar la soberanía nacional, romper con el FMI y su programa, desconocer toda la deuda externa y la deuda interna parasitaria, recuperar todas las fuentes de energía, las transportadoras y las distribuidoras; recuperar los hidrocarburos estatizando el 100% de YPF y todas las petroleras, desde la exploración hasta la distribución; ¡Fuera EEUU! del Paraná, recuperar los ríos, el mar y los puertos; estatización de la industria minera; estatización de la banca y el comercio exterior, etc.

En la lucha por liberarse de sus propias cadenas que la explotan la clase obrera liberará a la Nación, por eso debe formular concretamente su programa que resolverá las tareas nacionales y democráticas que la burguesía no pudo y no podrá jamás resolver, poniendo el pie el frente único antiimperialista.

Para que la clase obrera pueda dirigir debe resolver su crisis de dirección, conquistando la independencia política, construyendo su partido revolucionario, que diga con todas las letras que para poder llevar adelante esta estrategia es necesaria una revolución social, que sólo por esta vía la clase obrera y las masas oprimidas, la gran mayoría, pueden tomar el poder y ordenar todos los recursos de la economía, planificándola para resolver todos los problemas, sólo por esta vía las masas conquistarán por primera vez la democracia.  

(Nota de MASAS n°504)