CERCImasas-506

18 de Julio de 1936: Inicio de la Guerra Civil en España

Erick San Miguel Rodríguez

Hace exactamente 90 años comenzaba la guerra civil española. En la noche del 17 al 18 de julio de 1936 se producía el alzamiento militar para aplastar al gobierno democráticamente elegido, presidido por Manuel Azaña, pero también a la II República que había sido proclamada en abril de 1931. El golpe militar estaba encabezado por los generales Sanjurjo, Mola y Franco, en ese orden. Sanjurjo moriría a los pocos días cuando la avioneta que debía trasladarlo de Lisboa a Burgos, se incendió misteriosamente, habiendo sobrevivido el piloto, pero muriendo carbonizado el único pasajero.

En febrero de 1936, las elecciones fueron ganadas por el Frente Popular, constituido por el Partido Comunista, el Partido Socialista, la Esquerra Republicana de Cataluña, otros partidos de izquierda no marxista, y el filo-trotskysta POUM. Los anarquistas, que controlaban la poderosa CNT (Confederación Nacional del Trabajo) se abstuvieron, aunque se sabe que votaron “por debajo” por el Frente Popular.

Durante los años de la II República, España – que entonces era uno de los países más atrasados de Europa– conoció una gran agitación social, marcada por una gran movilización de las masas obreras y campesinas, que creían llegado el momento de realizar sus aspiraciones.

La situación de extrema tensión hacía prever que el alzamiento militar se produciría en cualquier momento. El detonante se produjo entre el 12 y el 13 de julio. El 12 el teniente Castillo, guardia de asalto, terror de los pistoleros falangistas, fue asesinado en la puerta de su casa. Sus compañeros, en represalia, secuestraron y asesinaron al diputado monárquico y líder de la oposición parlamentaria José Calvo Sotelo. El 14 de julio se realizaron ambos entierros en el cementerio del Este de Madrid y fueron la antesala de lo que se avecinaba.  

El golpe militar, que había sido planificado cuidadosamente, y que contaba con el apoyo de la Iglesia, de la oligarquía y de los sectores más conservadores de la sociedad, tuvo éxito en algunas partes de España (casi en toda Andalucía, Zaragoza, Valladolid, Burgos y Pamplona, entre otras); pero en las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao) fracasó estrepitosamente gracias a la decisiva intervención de los sindicatos obreros y de las masas populares que salieron a las calles a enfrentar a los alzados. El 20 de julio la situación estaba clara: España quedó dividida en dos zonas: la republicana y la “nacional”.

Casi inmediatamente se constituyó el “Comité de No Intervención”, propiciado por Francia e Inglaterra, pero que resultó ser un fiasco total, dado que la Alemania nazi y la Italia fascista intervinieron de manera abierta y descarada durante todo el tiempo que duró el conflicto armado. En tanto que la Unión Soviética prestaba apoyo condicionado a la República española, más preocupada de mantener la presencia y la influencia del Partido Comunista Español, que en vencer a los rebeldes golpistas.

En abril de 1939 la guerra civil concluye oficialmente con la ocupación de Madrid y el derrumbe total del ejército republicano. El 19 de mayo las tropas franquistas desfilaron exultantes en el paseo de la Castellana; junto a ellas la Legión Cóndor de Alemania y el Cuerpo de Voluntarios de la Italia de Mussolini.

La guerra civil fue el conflicto más doloroso y sangriento de la historia de España. Se calcula que causó al menos medio millón de víctimas. Los vencedores, una vez en el poder, desataron una política de persecución, represión y venganza. Pero también de intolerancia. Los sindicatos fueron prohibidos, al igual que los partidos políticos, excepto la Falange Tradicionalista Española. Se produjeron – al igual que en la Alemania nazi – quemas de libros. Miles de republicanos de distintas tendencias salieron al exilio, principalmente a Francia, México y la Unión Soviética. A Bolivia llegaron unos cien.

La democracia sólo retornó a España en 1978, a la muerte del dictador Franco, pero los partidos que habían combatido en el bando republicano, no tuvieron la capacidad de evitar la restauración de la monarquía, ni de impedir la entronización como rey de España de Juan Carlos de Borbón, elegido y formado por Franciso Franco.