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Gran Bretaña, Canadá y Francia anunciaron sanciones contra los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada

Gran Bretaña, Canadá y Francia anunciaron sanciones contra los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada, un paso simbólico de tres aliados y que ilustra el creciente aislamiento de Israel tras el genocidio en Gaza y la violencia de los colonos en Cisjordania.

Israel padece un creciente ostracismo internacional por su genocidio, decenas de miles de palestinos han sido asesinados.

La atención internacional se centra ahora en su creciente control sobre Cisjordania y la expansión de los asentamientos ilegales en la zona. En las últimas semanas, colonos extremistas israelíes han atacado repetidamente a palestinos.

Israel respondió al anuncio británico con furia e indignación y anunció contramedidas, declaró que cerraría el Consulado General británico en Jerusalén Este. Esta institución, fundada en 1839, representa al gobierno británico en Jerusalén, Cisjordania ocupada y Gaza.

Esta declaración coordinada de las tres naciones deteriora aún más su relación con el gobierno Trump, firme defensor de Israel diplomática, financiera y militarmente.

El paquete de medidas británico fue anunciado en el Parlamento por Ed Miliband. Representa un cambio en la política exterior británica desde que Andy Burnham se convirtiera en primer ministro. Afirmó que el gobierno británico «coincide en que se está produciendo una limpieza étnica de palestinos en zonas de Cisjordania, perpetrada por terroristas colonos», con demasiada frecuencia, «el gobierno israelí ha hecho la vista gorda ante esto y ante atrocidades aún peores».

Añadió que Gran Bretaña había concluido que la ocupación era ilegal, de acuerdo con un fallo de la Corte Internacional de Justicia.

“Por lo tanto, puedo anunciar hoy que introduciremos una prohibición de importación de productos procedentes de asentamientos ilegales en los territorios ocupados”, y agregó que las medidas también abarcarían a quienes prestan servicios a los asentamientos, incluyendo “construcción, infraestructura, financiación o bienes raíces para la expansión de los asentamientos”.

Miliband también anunció que Gran Bretaña rechazaría las solicitudes de venta de armas que “contribuyeran materialmente a la ocupación” aunque solo suministra una pequeña fracción de las importaciones de armas a Israel, que en su mayoría provienen de EEUUU y Alemania.

En 2024, el anterior gobierno laborista suspendió alrededor de 30 licencias para exportar piezas de aviones de combate y radares militares en protesta por su posible uso en la guerra de Gaza. La nueva política extendería esas suspensiones mientras Israel mantenga su ocupación.

Miliband, también ha considerado ampliar las sanciones existentes en materia de derechos humanos para incluir la obstrucción de la ayuda humanitaria, a la que se atribuye el agravamiento de la crisis humanitaria en Gaza.

Los medios dicen que es “la condena más enérgica nunca antes emitida por el gobierno británico” aunque Zena Agha, analista política del Comité Británico-Palestino sostiene que “Estamos viendo más una continuación que una ruptura.”

Este último comentario se reafirma con la información de “La Tercera” de que “Diplomáticos británicos han comunicado en privado a Estados Unidos que las sanciones son en gran medida simbólicas y no tendrán un impacto significativo en la relación general de Reino Unido con Israel en materia de comercio o seguridad, en un intento por apaciguar la respuesta del gobierno de Trump, según fuentes cercanas al asunto”.

Antes de conocerse la declaración, miembros de organizaciones judías de la sociedad civil- como Sobrevivientes y Descendientes del Holocausto contra el Genocidio de Gaza (HSD), Voz Judía por la Liberación (anteriormente Voz Judía por el Trabajo) y Judíos por la Justicia para los Palestinos- le escribieron a Burnham, instándole a adoptar medidas más enérgicas contra Israel y a “oponerse a cualquier intento nuevo de silenciar las marchas palestinas”.

Marco Rubio rechazó esta medida a la que calificó como un posible intento de socavar los esfuerzos para reducir las tensiones en Cisjordania. “No queremos que ocurra nada desestabilizador en Cisjordania en estos momentos, con todo lo que está sucediendo en la región”. El embajador de EEUU en Israel advirtió que los planes avivarían las tensiones con Washington y que las posibles contramedidas de EEUU podrían tener un “enorme impacto económico en las empresas británicas”, declaró a la BBC que las empresas británicas podrían enfrentarse a restricciones comerciales en algunos estados de EE.UU. que penalizan los boicots contra Israel, citando a Florida como ejemplo. EEUU no admite ni siquiera esta tímida declaración contra la política terrorista de Israel.

Los ministros de Asuntos Exteriores británico, canadiense y francés emitieron un comunicado conjunto en el que prometieron «medidas nacionales» para prohibir el comercio de bienes procedentes de asentamientos y apoyar a otros países que ya lo hayan hecho. Además de los mencionados firmaron la declaración España, Dinamarca, Irlanda, Finlandia, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal y Suecia y declararon que ahora apoyaban las restricciones al comercio con los asentamientos.

Pat McFadden, un alto cargo del gabinete británico, afirmó que el principal objetivo del plan era mantener viva la posibilidad de una solución de dos Estados, un marco propuesto para resolver el conflicto israelí-palestino mediante el establecimiento de un Estado palestino independiente junto a Israel.

McFadden declaró el alcance limitado de la medida: «También es importante señalar que Israel es un socio comercial importante para el Reino Unido», «Esto no pretende ser un boicot a todos los productos israelíes».

Gran Bretaña es una aliada histórica de Israel, ha condenado reiteradamente los asentamientos israelíes en Cisjordania, considerados ilegales según el derecho internacional. En Israel, varios exgenerales, funcionarios de inteligencia y primeros ministros acusaron recientemente a colonos armados en Cisjordania de limpieza étnica tras los asaltos a viviendas, mezquitas y aldeas palestinas.

Benjamin Netanyahu, ha restado importancia a las críticas internacionales y nacionales y ha promovido la construcción de más asentamientos a un ritmo vertiginoso.

Además de cerrar el consulado británico en Jerusalén, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, anunció restricciones a las actividades de algunos funcionarios británicos en Cisjordania y la prohibición de entrada a Israel de 12 legisladores británicos y otros ciudadanos que, según él, habían estado “involucrados en actividades antisemitas y antiisraelíes”, entre ellos Jeremy Corbyn, antiguo líder del Partido Laborista.

Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas israelí de extrema derecha y principal promotor de los asentamientos, sugirió que Israel debería expulsar al embajador británico. Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel, también afirmó que Israel debería reconocer que las Islas Malvinas, territorio británico en el Atlántico Sur, que pertenecen a Argentina. (información de Cristina Cifuentes, “La Tercera” de Chile)

Cuando asumió el cargo de primer ministro británico, Burnham pidió disculpas por la reacción inicial del gobierno ante la conducta de Israel en Gaza, afirmando que su Partido Laborista «no actuó correctamente» y añadiendo: «Cada vez hay más pruebas de que se han cometido crímenes de guerra». No llegó a afirmar que se hubiera cometido genocidio, sino que solo los tribunales internacionales podían determinar la responsabilidad.

El debate sobre Gaza ha tenido consecuencias políticas internas en Gran Bretaña con enormes manifestaciones de solidaridad que chocaban con la complicidad de los gobiernos. Judíos británicos saludaron las medidas anunciadas. Yachad, un grupo proisraelí que se opone a la ocupación israelí, declaró que el anuncio «no es antiisraelí y, desde luego, no es antisemita». La organización afirmó que «el actual gobierno extremista de Israel ha cruzado prácticamente todas las líneas rojas» al afianzar su ocupación. También plantea la “solución” de “dos Estados” que ya hemos explicado es una trampa para no resolver de raíz el problema histórico.

El mes pasado, Gran Bretaña condenó la decisión del gobierno israelí de seguir adelante con los planes para construir nuevas viviendas para colonos en E1, parte de Cisjordania cerca de Jerusalén, en una declaración conjunta con países como Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos, Canadá, Noruega y Australia. Ese proyecto “podría aislar el norte del sur de Cisjordania, amenazando la viabilidad de cualquier futuro Estado palestino” (The Guardian).

El comunicado instaba a Israel a «retirar inmediatamente estos planes y poner fin a la expansión de los asentamientos en Cisjordania». Añadía: «Esto no solo nos alejará de la paz, sino que también socavará aún más la posición internacional de Israel».

El anuncio de 11 países europeos y Canadá de que “se oponen firmemente a las acciones que equivalen a la anexión de tierras palestinas y al desplazamiento forzoso de la población palestina” aunque tibio, contribuye al aislamiento internacional del gobierno genocida de Netanyahu y agrega conflictos a la relación de estos países con EEUU.

La política de la clase obrera es la revolución social para acabar con la opresión imperialista, derribar el Estado sionista y poner en pie una república socialista donde puedan convivir israelíes y árabes, como parte de una Federación Socialista de Oriente Medio.

(Nota de MASAS n°509 – POR Argentina)