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La marcha de la bronca: Un paso en camino a la huelga general

En el marco de la traición de las direcciones sindicales de las centrales y de la ausencia de una respuesta nacional frente a los ataques contra las masas, la convocatoria a la Marcha de la Bronca fue un acierto. Se posiciona en el terreno de la acción directa, exigiendo a la CGT y a las CTAs un plan de lucha nacional en camino a la huelga general. Convocando de forma amplia contra quienes gobiernan para los bancos, las corporaciones y el FMI, invitando a todos los sectores dispuestos a enfrentar el programa del gobierno. Se sumaron sindicatos que no están directamente vinculados a los partidos de izquierda, como ATE Capital, FESPROSA y SOMU Santa Fe, entre otros.

La Marcha de la Bronca representa una presión sobre las centrales sindicales y es un paso adelante en la perspectiva de abrir paso a un plan de lucha nacional. Se potencia frente a las expresiones más derechistas del peronismo y su abierto electoralismo, expresado en el acto de Kicillof.

La convocatoria a esta marcha pone en cuestión la pasividad del nacionalismo burgués, pero hay que contraponerle una alternativa política de clase. Esta formulación política sólo puede ser materializada con la dirección política de la clase obrera, para expulsar a la burguesía del poder y reorganizar la economía sobre la base del control obrero de sus resortes.

Están ausentes las tareas nacionales que la burguesía ha abandonado. Tenemos que plantear la expropiación del latifundio y de los grandes medios de producción. La defensa de nuestra industria y los puestos de trabajo, la apertura de libros, el monopolio del comercio exterior y de la banca. Una política de frente único antiimperialista, que plantee la perspectiva de que la clase obrera se ponga a la cabeza de la nación oprimida.

El electoralismo cotidiano y las dificultades para coordinar, propias del centrismo, constituyen un obstáculo para una mayor masividad de una convocatoria correcta y planteada en términos correctos.

Pero la marcha no reemplaza nuestra tarea: construir direcciones en cada uno de los sectores, desarrollar el debate sobre cómo enfrentar la política de Milei, fortalecer la democracia sindical en nuestros lugares de trabajo y levantar un programa alternativo frente a la respuesta burguesa a la crisis.

En el marco de la traición de las direcciones sindicales de las centrales y de la ausencia de una respuesta nacional frente a los ataques contra las masas, la convocatoria a la Marcha de la Bronca fue un acierto. Se posiciona en el terreno de la acción directa, exigiendo a la CGT y a las CTAs un plan de lucha nacional en camino a la huelga general. Convocando de forma amplia contra quienes gobiernan para los bancos, las corporaciones y el FMI, invitando a todos los sectores dispuestos a enfrentar el programa del gobierno. Se sumaron sindicatos que no están directamente vinculados a los partidos de izquierda, como ATE Capital, FESPROSA y SOMU Santa Fe, entre otros.

La Marcha de la Bronca representa una presión sobre las centrales sindicales y es un paso adelante en la perspectiva de abrir paso a un plan de lucha nacional. Se potencia frente a las expresiones más derechistas del peronismo y su abierto electoralismo, expresado en el acto de Kicillof.

La convocatoria a esta marcha pone en cuestión la pasividad del nacionalismo burgués, pero hay que contraponerle una alternativa política de clase. Esta formulación política sólo puede ser materializada con la dirección política de la clase obrera, para expulsar a la burguesía del poder y reorganizar la economía sobre la base del control obrero de sus resortes.

Están ausentes las tareas nacionales que la burguesía ha abandonado. Tenemos que plantear la expropiación del latifundio y de los grandes medios de producción. La defensa de nuestra industria y los puestos de trabajo, la apertura de libros, el monopolio del comercio exterior y de la banca. Una política de frente único antiimperialista, que plantee la perspectiva de que la clase obrera se ponga a la cabeza de la nación oprimida.

El electoralismo cotidiano y las dificultades para coordinar, propias del centrismo, constituyen un obstáculo para una mayor masividad de una convocatoria correcta y planteada en términos correctos.

Pero la marcha no reemplaza nuestra tarea: construir direcciones en cada uno de los sectores, desarrollar el debate sobre cómo enfrentar la política de Milei, fortalecer la democracia sindical en nuestros lugares de trabajo y levantar un programa alternativo frente a la respuesta burguesa a la crisis.